lunes, 16 de marzo de 2015

La eterna lucha: "La Fontana de Oro" de Galdós.

Título: La Fontana de Oro.
Autor: Benito Pérez Galdós.
Año de publicación original: 1871.
Editorial: Alianza, reedición de 2014.
Páginas: 440.


La historia de la humanidad podría describirse, en su mayor parte, como una lucha dual entre sectores permanente enfrentados y en apariencia irreconciliables. Con la llegada de la Ilustración dieciochesca, decenas de mentes −como Voltaire, Rousseau o Kant− comenzaron a configurar en distintos tratados una serie de ideas y teorías políticas que, poco a poco, acabarían por constituir lo que hoy en día entendemos por ideología y que acabó por consolidarse en el siglo XIX, creándose, con ello, dos mundos muy alejados el uno del otro y que han pervivido hasta la actualidad, transformándose en la columna vertebral de nuestra sociedad. Estos dos mundos no son otros que el liberal y el conservador.

Hoy en día la mayor parte de la población mundial se encuentra inscrita en uno de ellos. Muchas de las grandes mentes de la historia han pertenecido a uno u a otro bando, y no es ningún misterio que Benito Pérez Galdós, uno de los mejores novelistas que ha dado este decadente país, no fue una excepción. Efectivamente, Galdós fue un liberal declarado y uno de los mayores críticos para con la sociedad de su tiempo, solo superado en este campo sociológico −que no literario− por el malhumorado −pero brillante e irónico− Clarín. La mayor parte de sus novelas reflejan sus pensamientos, sus preferencias ideológico-políticas, pero fue La Fontana de Oro, su primera novela publicada, una de las más influidas por su mente.



La Fontana de Oro es una excelente, maravillosa e impresionante novela política que le sirvió a don Benito para catapultar una carrera que no había hecho nada más que empezar. Si bien es cierto que no posee la complejidad de otras de sus obras de arte como Misericordia o La desheredada, La Fontana es, en mi opinión, de lo mejorcito que he leído del autor hasta ahora −y son varias las lecturas que han desfilado por mis ojos−.

Ahora, la pregunta principal es… ¿de qué trata La Fontana de Oro?

La novela nos sitúa en la España del Trienio Liberal con un claro objetivo: mostrarnos el motivo por el cual el gobierno liberal-progresista fracasó.
Nuestro protagonista no es otro que Lázaro, un joven de no más de veintidós años que sueña con hacer carrera política en el bando liberal. Para ello, deberá desplazarse a Madrid, pues él es un muchacho de provincia donde las tendencias modernas no han llegado ni parece que vayan a hacerlo en un futuro próximo. Lázaro, que estudió humanidades en Tudela, y gracias a la ayuda de su madre, se dirigirá hacia Madrid para hospedarse en casa de su tío, don Elías Orejón alías «Coletilla», mote impuesto por el pueblo de Madrid, pues este personaje resulta ser un conservador y un absolutista de pura cepa que trabaja como espía para Fernando VII «el deseado», un rey tirano y resentido con sus súbditos, pues le obligaron a acatar la Constitución. Desde un primer momento, tío y sobrino chocaran debido a esa eterna lucha entre dos bandos que, por ahora, no parece tener un fin próximo.
Junto a ellos destacará Clara, la joven cándida y hermosa prototípica del folletín decimonónico que es acogida por Coletilla tras la muerte de sus padres y siendo, además, el interés amoroso de Lázaro, interés que, por cierto, es mutuo. La vida de ambos se verá envuelta e inevitablemente puesta patas arriba por las trifulcas políticas que están sacudiendo la capital y que están apunto de provocar un inminente derrumbe en el mundo que ambos creían conocer. Una eterna lucha entre dos bandos que jamás se detendrá, encontrándose en el epicentro de todo el café que le otorga nombre a la novela: La Fontana de Oro, lugar en el que se celebraban las reuniones clandestinas que tanto atemorizaban a Fernando VII y que es tremendamente ridiculizado a lo largo de las páginas.

En esta magnífica obra de arte Galdós se propuso un doble objetivo: el primero fue intentar aportar un aire renovador a la novela española del momento, visiblemente más atrasada que la del resto de Europa. En nuestro país, o se leía novela extranjera o se leía folletín de la peor calaña. Más o menos como ahora, vamos. Por otra parte, el segundo fue tratar de ofrecer una lección de historia a los lectores, mostrándoles los errores que cometieron los liberales en el pasado para poder comprender su presente y, así, derrotar a sus opositores.

El transfondo político de esta novela es absolutamente brutal, por no hablar del histórico y el folletinesco. Galdós la escribió influenciado sobre todo por la filosofía Krausista que llegó a España gracias a Julián Sanz del Río, quien se la dio a conocer, a su vez, a Giner de los Ríos, gran influencia para Galdós. Esta filosofía aboga, principalmente, por la modernización del país bajo los dictados de la razón y el libre pensamiento. Galdós lo refleja excelentemente con la perfilación de sus personajes que, por otra parte, demuestran una imparcialidad que mejoraría en Doña Perfecta, cuya reseña aparecerá en un futuro en este blog. Pero regresemos a lo que nos interesa.
Galdós crea unos personajes que encarnan esos dos bandos que demuestran el enfrentamiento político-social de la España del momento: Lázaro, Clara y el general-burgués Claudio Bozmediano simbolizarán el sector liberal, además de protagonizar un triangulo amoroso que debe mucho al folletín que Galdós tanto despreciaba y, por otro, al ya aludido Coletilla, que se verá acompañado por las terribles hermanas Porreño, un trío de arpías horrendas y muy atrasadas mentalmente −del que solo podríamos salvar a la dulce Paulita−, representantes de un régimen absolutamente caduco y que Galdós describe de una forma magistral, ensalzándolas a su propio hogar repleto de objetos que metaforizan las antiguas glorias y hazañas pasadas de una nación extinta que demuestran un pésimo estado de conservación, amén de un reloj que se paró a finales del siglo XVIII, época a la que, sin duda, pertenecen estas brujas que a todo lector se le antojan así:



Las metáforas con las que Galdós retrata y ridiculiza al sector conservador son dignas de admiración, en especial si se comparte su forma de pensar. Aquí estaría esa imparcialidad al hacer un bando bastante perfecto y otro realmente ridículo, repelente y abominable, pero forma parte de su juego literario y tanto las Porreño como Coletilla son unos personajes perfectamente construidos y que cumplen los objetivos que el autor se propuso, porque, salvo a la aludida Paulita, al resto los odias. Los odias MUCHO. Tanto las Porreño −Salomé y María de la Paz Jesús− como Coletilla les harán la vida imposible a Lázaro y a Clara, anulando su voluntad y menospreciándolos constantemente, simbolizando ellos en este caso la lucha liberal por un lado −Lázaro− y la España oprimida acogida por un absolutismo que no le deja tener contacto con el exterior, cerrando las fronteras −Clara− frente al poder real −Coletilla− y la devoción religiosa y moral −Porreños− .

Se trata sin duda alguna de una obra maestra cuyo alto trasfondo político y social puede abrumar aparentemente, pero aconsejo esta novela a cualquiera que le guste la lectura, en especial para aquellos que deseen iniciarse en la novelística galdosiana. Os aseguro que no os arrepentiréis.


Como anécdota final, comentar que la novela consta de dos finales, uno feliz y otro trágico que obedecen al estado de ánimo que el autor tenía en el momento de redacción y que responden a circunstancias sociales. Tan solo uno de ellos ha pervivido y es el que se encuentra actualmente, y en vuestras manos queda el averiguar cual de ellos es y, si sentís curiosidad por el otro, podéis consultar aquí un artículo de Casalduero, el descubridor de las existencia de el final que desconocíamos y que servía para explicar la falsedad de la fecha de publicación de la novela que aparecía en todos los manuales de historia de la literatura −1870− y que no concordaba con las memorias de Galdós ni con la reseña de Giner de los Ríos. 

1 comentario:

  1. Me encanta. Empiezas con una entrada "fuerte", en cohesión con nuestro período y nuestras preocupaciones (ya no como escritores, sino como individuos de una sociedad). Espero pronto una nueva publicación. Gracias por este artículo!

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